Luciendo arrugas


Siempre me ha parecido un poco absurdo el uso de cremas antiarrugas una vez pasado el cuarto de siglo, por esa obsesión que solemos tener las mujeres, en general, de aparentar menos edad de la que en realidad tenemos.


Soy consciente de que mis patas de gallo están en auge y de que estéticamente no son muy bonitas, pero la única manera de eliminarlas creo que sería dejar de reírme, algo a lo que me niego, por supuesto.


No hay cremas que valgan cuando una siente que su vida marcha sobre ruedas. Me ahorraré ese dinero en actos y vicios que hagan cada día mi vida un poquito más feliz.